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Es maravilloso el mundo de las ideas

jueves, 28 de abril de 2011

Recordar es vivir

Alguna vez escuche por ahí que "un hombre olvida mas rápido la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio" (N. Maquiavelo). Y no parece ser una sentencia indiferente a la sociedad política de México. Llevamos años inmiscuidos en las reformas políticas, energéticas etc. que tanto necesitamos, y sin embargo poco se avanza. Mucho se dice sobre la necesidad urgente que dichas reformas conllevan, pero poco se hace por llevarlas a cabo. Y tan urgentes son, que los políticos están mas inmersos en la sucesión presidencial que se llevara acabo el próximo año, que en las tan mencionadas reformas que el país necesita.
Y es que en estas fechas electorales salen a la luz todas las necesidades que sufre nuestra sociedad, y de la nada emergen los paladines que nos libraran de tan precaria situación. Y es que a mas de un año de las elecciones presidenciales, ya tenemos a toda una camada de aspirantes a ocupar la silla baleada del actual presidente de la república. Sin duda se escuchan los mismos discursos de siempre, la misma problemática y las mismas soluciones, únicamente cambian los actores de la tragicomedia.

Se ha dicho que la sociedad Mexicana no tiene memoria, tan pronto pasa un corto lapso de tiempo se olvidan las acciones o la inactividad de los actores políticos. Pero al mismo tiempo, los personajes principales de la vida política en México olvidan los compromisos que los llevaron a la cima del poder. Al final, aunque no lo parezca, parece justo, yo olvido, tu olvidas, el olvida, nosotros olvidamos, ustedes olvidan, ellos olvidan.....todos olvidamos. ¿Por que entonces nos quejamos tanto de los hechos actuales si no nos comprometemos con la justicia diaria, con la que se hace todos los días sin importar el paso del tiempo? Si hay cosas que se dejan de lado cuando ya no importan, también hay cosas que debemos tener siempre presentes en la vida, y mas, cuando nuestro futuro depende de ello.

Como diría Lewis Carrol, "¡Que pobre memoria es aquella que solo mira hacia atrás!".

lunes, 25 de abril de 2011

Solo un poco

Era un día fresco, calido, agradable en todos los sentidos; el sol brillaba en el cielo con una armonía impresionante. Yo tenía muchas cosas que hacer, pero decidí posponerlas para después, y así salir a dar un paseo.

Hacía mucho tiempo que no salía por el parque, no le encontraba sentido ir; pero la tranquilidad del día termino por imponerse y me convenció de salir.

Caminaba en silencio, tranquilo, con la frente en alto, como no teniendo nada que ocultar. Transitaba sereno, no sonreía como siempre, pues nunca encontraba motivo. Algunas personas me decían amargado, otras que era muy serio; pero en el fondo creía que yo era exactamente como quería ser. Y esa era la realidad, a mi me gustaba ser así, siempre con cara de pocos amigos.

Paseaba por la calle pensando en todas las actividades por realizar, en el día tan bello y en tantas otras cosas. El parque no quedaba tan lejos de mi casa, de hecho, hacia cinco minutos caminando. Al llegar ahí, pude ver a muchos niños jugando, algunas parejas comiéndose a besos, y una pareja de ancianos caminando tomados de la mano. Nada fuera de lo común, realmente, todo me parecía cotidiano, monótono, como si las acciones fueran siempre las mismas y siempre repetidas.

Ese día me sentí algo extraño, no se si seria por el día o por la tranquilidad en la que estaba; no se porque seria, pero me sentí feliz, algo muy extraño en mi, pues acostumbraba estar de mal humor y portándome de una manera indiferente. Ese era yo, siempre con postura firme e inmutable.

Me senté en una banca cercana a la fuente, situada justo en el centro del parque. Me dispuse a leer un libro, una novela, “Marianela” para ser preciso. Yo creía en el amor verdadero, en el que no importa otra cosa más que el amor; ni apariencias, ni posiciones sociales ni nada, solo el amor. Pero me parecía muy triste ver el amor vendido en el cuerpo de una mujer, o en el de un hombre. Me disgustaba ver el amor idolatrado solo en la potencializacion de la sexualidad, y no en la maravilla de lo que provoca y hace sentir. Es por eso que yo era de esa manera; vivía entristecido buscando una razón para este mundo, razón que no encontraba.

Fue entonces cuando una ráfaga de viento soplo por el parque. Volví la mirada hacia arriba y podía observar la luz del sol asomarse entre las ramas de los grandes y frondosos árboles del parque. Era como la oscuridad de la noche, iluminada solo por la luz de las estrellas en medio de una tranquilidad exquisita. Podía sentir como el viento acariciaba mi cara, y podía escuchar el cántico silencioso del viento en mi oído; como queriendo decirme algo, como queriendo decirme mira, como queriendo decirme, solo disfruta……….......

jueves, 21 de abril de 2011

No siempre llovera

Hace tiempo alguien me conto un chiste, era sobre un hombre que pregonaba frente a la imagen de un santo, le reclamaba por la mala fortuna que había tenido a lo largo de su vida. Y aun reprochaba con más ahínco por el hecho de no poder sacarse la lotería. Los gritos eran cada vez más fuertes y un sacerdote pudo darse cuenta de la situación y se poso detrás de la figura del santo y justo cuando el hombre guardo un poco de silencio, el sacerdote le grito ¡Hijo, compra un boleto de lotería!. En su momento me pareció un mal chiste, pero creo que por fin lo entendí

A veces se pasa toda una vida buscando respuestas. Queremos conocer todo, y si no es todo, por lo menos lo esencial, aquello que le da significado a nuestra a vida, respuestas que nos guían y nos alientan a seguir adelante por los caminos correctos. Pero a menudo (por lo menos en mi caso) no llegan esas respuestas, casi siempre tengo caminar sin tumbo, solo con la consigna de lo que creo que quiero. ¿Acaso el destino se ensaña conmigo? No lo creo, creo que en realidad ha sido mi culpa, ¿Respuestas correctas? Preguntas correctas, y creo que ese ha sido el verdadero problema. No he formulado las preguntas adecuadas a lo que quiero saber y lo que quiero lograr. No puedo esperar tener todo el conocimiento del mundo sino me esfuerzo por conocerlo y eso implica, tener la sabiduría para interpretar las respuestas que se me dan. No se trata de sentarse y esperar a que el cielo nos ilumine. Al final, si se quiere ganar la lotería, se debería empezar por comprar un boleto.

Dentro de todas las virtudes que tenemos como sociedad, esta la fe y la determinación que se tiene hacia ciertas cosas, determinación que a menudo está enfocada hacia los puntos incorrectos. Nos enfocamos en cosas banales y dejamos de lado lo importante. Que es el vivir plenamente. A menudo nos sentimos inferiores a otras personas u otras culturas cuando lo cierto es que todos tenemos un objetivo que cumplir dentro de toda sociedad. De esta manera sabremos, que no importa lo que somos o lo que tenemos, sino ser los mejores en aquello que hacemos. Eso implica ser limpia parabrisas, diplomático, político, guardia de seguridad, empleada domestica etc. No importa, no importa lo que sea que se haga, lo importante es siempre buscar ser el mejor y no esperar a que la vida nos recompense con aquello que creemos que merecemos.

Siempre he pensado que existe un abanico de posibilidades, siempre hay opciones, aunque parezca que no, y si, a veces parece que no hay salida (o entrada) y nos acongojamos y lloramos por la desdicha, y está bien, hay que experimentar todo tipo de sensaciones para poder decir que vivimos, pero no caigamos en el circulo de vicioso de auto compadecernos para intentar hacernos sentir mejor. Será mejor llorar un poco, y después seguir adelante, bajo la consigna de lo que dijo Brandon Lee en la película de “El cuervo”…..”No siempre lloverá”.

lunes, 18 de abril de 2011

Solo un poco mas

Mirando de improviso una película sobre un superhéroe que, por motivos de derechos de autor no diere el nombre; me limitare a decir que la trama giraba en torno a un hombre que tenia poderes de araña… (¿Ok?)… en una de las escenas el protagonista sostenía una conversación con su tía, y ella le comentaba sobre la responsabilidad de los héroes. No se trataba de tener superpoderes para alcanzar los objetivos de la vida ni para cambiar el destino de las personas, a veces se admira o es motivo de elogio, a quien nos enseña y nos ayuda a aguantar un poco más.

El camino de la vida no es fácil. Es abrupto, sinuoso, intempestivo, ríspido y con todo esto, es tan hermoso que vale la pena recorrerlo. Sin embargo, en ocasiones es tan difícil de recorrer que sentimos que no podemos continuar con tan extenuante recorrido. Son cuestiones normales en la vida, no siempre se puede llevar el mismo paso durante toda la vida, para llegar al final de la carrera, tenemos que disminuir la velocidad cuando sea necesario y acelerar en los momentos precisos. Y sin duda alguna, pedir ayuda cuando por alguna razón se nos dificulta seguir caminando.

Creo, a riesgo de equivocarme, que no hay nada más satisfactorio que escuchar las palabras precisas en el momento preciso. El acompañar en el camino de la vida no se trata de estar solamente físicamente, sino de apoyar en los momentos difíciles aun sin estar al lado de las personas. El apoyo también se demuestra con la voluntad y el tiempo que se dedica a las personas que se quieren, a veces con el pensamiento, a veces con las acciones diarias y sobre todo, escuchando a la persona que lo necesita. A diferencia de lo que pudiera parecer, siendo como soy (corroborado por las personas que me conocen) no tengo un carácter muy social, pero siempre escucho, dejo que las personas que quieren hablar hablen, y no hago mía su conversación diciendo “si, a mí también me paso eso pero debes…” no se trata de mi, se trata de la persona que quiere sacar sus problemas, sus frustraciones y está recurriendo a mí para que le ayuda a salir del bache en el que a veces se cae. Escuchar, pensar, decir, en el orden correcto para decir cosas coherentes y que las palabras realmente tengan significado para la persona que las escuche.

El gran problema de los héroes es que siempre están ahí cuando uno los necesita, ¿Problema? ¡Claro!, lo repito pero de otra manera, “el gran problema de los héroes…” no está mal pedir ayuda ni recurrir a la misma persona siempre. Qué hermoso y satisfactorio es tener a alguien en quien apoyarse cuando se necesita. Pero, ¿Y esa persona? Siempre está ahí, y aunque no lo estuviera físicamente, siempre se toma el tiempo para escuchar, atender el llamado y acudir al auxilio. Esa persona deja todo, aun teniendo miles de cosas por hacer, la prioridad es siempre estar al lado de las personas para ayudar. Y lo mejor de todo, se siente satisfecho por hacerlo, pero siempre es injusto, mas, cuando no se tiene el reconocimiento debido, como el joven Peter Parker que incluso es injuriado por el titular del diario “El clarín”. Los héroes también tiene sueños, anhelos, aspiraciones, pero están dispuestos a dejarlos de lado por la satisfacción de ayudar a quien lo necesite, y como dije anteriormente, sin estar físicamente en el lugar de las personas, pueden decir las palabras precisas en el momento preciso; no se trata de resolver los problemas de las personas, sino solo ayudar, a que en medio de la tormenta, podamos aguantar un poco más. Los héroes a menudo dejan todo por las personas que ayudan, sin importar nada más, ni ellos mismos. Como diría Benjamín Disraeli, “los héroes, a menudo son desconocidos”.

jueves, 14 de abril de 2011

La realidad

Cierta madrugada, me encontraba durmiendo plácidamente y debo admitir, que tenía uno de los sueños mas lindos de los que tengo memoria. Era simplemente hermoso, y lo más impresionante de todo, era muy real, era como si en verdad ella estuviera conmigo esa noche, como si en realidad me acompañara, como si ella estuviera acostada a mi lado, en mi regazo. Desgraciadamente la alarma del despertador sonó y me di cuenta de que todo había sido un sueño, ésta era la realidad y ella no estaba conmigo, otra mañana, despertaba solo.

Ésta parece ser una historia triste, y sin duda lo es, por lo menos lo es para mí cuando recuerdo esa mañana (y cuando recuerdo todas las noches), no es para nada grato saber que los sueños se esfuman o lo peor de todo, nunca existieron.

Sin embargo, en mis tres días como administrador, una cosa he aprendido. Dentro de la administración estratégica y las asignaturas como emprendedores, se nos enseña a paliar las debilidades con las fortalezas y las amenazas con oportunidades. He tenido uno de los sueños más lindos de mi vida y me ha entristecido en demasía el saber que no era verdad, sería tonto de mi parte pensar que todo es una valle de lagrimas y que nada vale la pena (aunque exista algo de eso de en mi (quizás soy un poco tonto)) así que simplemente decidí convertir esa amenaza, en oportunidad. El sueño que se esfumo, finalmente es eso, un sueño, y sin embargo es posible alcanzarlo con trabajo y dedicación. Ahora, aunque no lo veo realizado, lo veo como un objetivo en la vida que espero alcanzar en el corto, mediano o largo plazo.

Sin duda los temas de administración estratégica nos llevan a pensar en planes a futuro, planes que quizás se concreten dentro de varios años, pero precisamente se hace porque éste tipo de planes son los que brindan las mayores oportunidades para crecer y desarrollarse. No sé cuando pueda concretarse mi sueño, pero sé que se hará realidad algún día. Y aun si jamás llegara a realizarse, estaré feliz, de haber intentado, de haber dado todo, y de haberme esforzado por lo que siempre he creído que vale la pena, siempre vale la pena.

No les platico mi sueño porque como dice cenicienta “si se cuenta un sueño, no es fácil realizarlo”.

lunes, 11 de abril de 2011

Aquello que hacemos (sentimos)

Al final de la segunda guerra mundial, el ejército alemán tuvo que dejar la ciudad de París, pero no podía simplemente dejarla, así que puso dinamita en toda la catedral de Notre Dame, dejando a un soldado encargado de detonarla en el momento que llegara el ejército aliado. El soldado se quedó absorto, sólo, mirando la majestuosidad de la construcción…decidió no accionarla, pues no le pareció justo que dejara de existir la maravillosa catedral.

No sé si lo historia es cierta, pero me gusta creer que así fue, ¿Qué fue lo que paso con el soldado? ¿Qué fue lo que pasó para que decidiera no accionar la dinamita, aun cuando se lo habían encomendado sus superiores? Simplemente se dejó llevar por las emociones. Todos tenemos un cúmulo de sensaciones que experimentamos todos los días, pero a menudo no nos concentramos en ellas, al contrario, la sociedad y nosotros mismos nos hemos encargado de reprimirlas, porque a los ojos de los demás, no está bien demostrar emociones. ¿Cuántas veces no hemos escuchado “no te enojes”? y yo siempre digo, ¿Por qué no me voy a enojar? Es mi sentimiento y tengo derecho a estar enojado; el problema no es experimentar la emoción, sino enfocarla hacia los puntos correctos, como diría Goleman en su libro, “inteligencia emocional” hay que enojarse en la medida correcta, por la razón correcta y con la persona o situación correcta. Y no solo pasa con el coraje, o el enojo, también con el amor, la pasión, el miedo etc.

El ser humano es capaz de tener un sinfín de sensaciones, que a menudo tiene repercusión en la conducta de las personas. Es bueno experimentar esas sensaciones, pues nos hacen sentir vivos. Pero también el ser humano es un ser racional, que es capaz de controlar y enfocar esas emociones. En la medida que podamos ser consientes de lo que sentimos, seremos más coherentes al tomar decisiones, y que éstas no estén determinadas por el momento, sino que sean el resultado del análisis introspectivo de lo que sentimos, queremos, y lo “racionalmente correcto”.

Sin duda alguna la parte más difícil de ser humano, es tomar decisiones, ser consciente de ellas y aceptar las consecuencias de las mismas. Eso nos hace personas maduras. Así pues, una forma simple medir la calidad de las decisiones que tomamos es que si nos sentimos bien, sabremos que hicimos lo correcto. El soldado sentado frente a la catedral de Notre Dame sabía que no era correcto dinamitarla. Admirándola, tuvo un sinfín de sensaciones, lo meditó, lo razonó y tomó la decisión de ir en contra de sus superiores, rompió las reglas para hacer aquello que consideraba correcto (hoy, muchos se lo agradecemos) y tomó la determinación de no hacer aquello que se esperaba.

Vivimos en una sociedad llena de pasividad, que muchas veces actúa sin ser consciente de las cosas que hace. Ha dejado de sentir, y lo más preocupante de todo, ha dejado de actuar y se limita a hacer aquello que se espera. Claro, se nos enseña a no pensar y solo tenemos que seguir los patrones establecidos por la sociedad y que son las “acciones correctas” para vivir en este espacio; estudiar, tener una carrera, ser empleado, comprar una casa y tener dinero en el banco. ¿Y qué hay de todos los sueños, los anhelos, y las ganas de ser algo más? A veces hay que ir en contra de las reglas para avanzar, para ir más allá, para dar el siguiente paso. Por una vez en la vida, se debe tener la determinación para andar en caminos sinuosos, ir en contra de todo y contra todo, para hacer algo con la vida, la vida que es tan hermosa y tan maravillosa. Como diría Lucio Anneo Séneca: “la mayor rémora de la vida, es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”.

jueves, 7 de abril de 2011

Las palabras precisas

No hay nada más reconfortante que una palabra de aliento en el momento que más se necesita. A menudo nos sentimos solos y necesitamos de alguien que nos abrace y nos diga que todo estará bien. El problema surge cuando no hay nadie, o por lo menos creemos que no hay nadie cerca en quien podamos apoyarnos para salir de los baches de la vida.

Es increíble que siendo tantos millones de habitantes en el mundo, tenemos muy poca relación con las personas, y si las hay, se limitan a los comentarios de facebook o los mensajes fríos de los programas de mensajería. El hombre es un ser social y necesita de las personas para procurarse pertenencia e identidad. Todos tenemos cosas que contar, pero la sociedad actual nos está orillando a ser lo más concretos posible porque nadie tiene tiempo de leer más de 140 caracteres. La vida no se puede resumir en un texto tan corto, ni la comunicación puede limitarse a tan absurdo contexto. Las tardes de café y cigarrillo son una especie en extinción, y el regocijo que conllevan las horas de plática de los temas más complejos de la vida e incluso las trivialidades de la misma, es algo que parece tan complejo y tan lejano.

En los últimos años me he encontrado con una frase tan repetitiva y tan preocupante. Me encuentro platicando con amigos, que me cuentan sus experiencias y me alarma el hecho de que me digan “es que no se cómo decirlo”. Es extraño que teniendo un lenguaje tan vasto, en ocasiones faltan las palabras para poder expresar lo que se siente, lo que se piensa o solo que aconteció la tarde anterior. Y lo que es peor, pues podemos acceder a diccionarios para encontrar las palabras, el problema radica en cómo estructuramos esas palabras para poder expresar el sentido pretendido, esto es, que no se preste a malas interpretaciones.

Todas las palabras tienen una esencia, una razón de ser, surgieron por una razón, responde a una necesidad de comunicación y expresión. Hay ciertas palabras que siempre levantan el ánimo por el simple hecho de ser escuchadas. Pero en esta indiferencia por leer y conocer, nos conformamos con la jerga diaria y no nos atrevemos a ir más allá en el lenguaje.

La comunicación es parte esencial de la vida del ser humano, y las palabras son el elemento fundamental de dicha comunicación. Expresar esas palabras, ya sea hablando o escribiendo, es importante para el desarrollo de todas las personas. Así que siempre es bueno decir un “te quiero” un “te extraño” o incluso un “lo siento”, si es lo que realmente se siente y se pretende expresar. Supongo que el momento preciso para decirlo dependerá de cada persona, pero también creo que es bueno decirlo cada vez que se sienta…aunque en mi caso, tendría que decirlo todo el día, todos los días; esta es la parte extraña, como dice Alfredo Martinez (osea yo) "no hay nada como decir las palabras precisas en el momento preciso".

lunes, 4 de abril de 2011

El jardín de los recuerdos


Cierta tarde, a inicios de la primavera, me encontraba conversando con una amiga, o debo decir, estábamos compartiendo el espacio, porque mientras yo me encontraba ensimismado en la computadora, ella estaba elaborando un juego que llevaría a cabo en la fiesta de una amiga suya que estaba próxima a tener un hijo. Justo en el momento de mayor concentración, me pregunta sobre la prenda de vestir que le colocan a los bebes. Reflexione unos segundos, segundos que se volvieron minutos y por más que pensaba y pensaba no era capaz de recordar tan singular vestimenta. Repentinamente ella recordó el nombre, pero le solicite que no me lo dijera, pues yo lo sabía y debía ser capaz de recordarlo. Los minutos pasaban y se apoderaba de mí la frustración. No entendía como el nombre no podía venir a mi mente, lo había escuchado muchas veces y sin duda alguna también había utilizado la palabra en algunas ocasiones, por lo que yo debía de conocer el término. Dentro de mis reflexiones nocturnas, justo antes de dormir, la palabra vino a mí, como diciendo que me había vencido que ya era justo que dejara eso por la paz. Le mande mensaje a mi amiga diciéndole que por fin lo había recordado y que ahora podría dormir tranquilo.

Es extraño como una simple palabra se vuelve en un problema tan complejo que roba la atención de un día completo. La cuestión es simple, ¿Qué es lo que recordamos y que es lo que olvidamos? Es difícil inferir sobre los criterios que utiliza el cerebro para discernir aquello que formara parte de nuestra vida y aquello que simplemente pasara de largo. Lo cierto es que hay una infinidad de recuerdos arraigados en nuestra mente, muchos de ellos son agradables y otros tantos tristes. En lo personal me gusta recordar los buenos momentos, pero en mis tantas noches de soliloquios no puedo evitar recordar los momentos más amargos de mi vida. Y aunque sé que me hace mal, también aprovecho la oportunidad para reflexionar sobre aquello en lo que he actuado bien y aquello en lo que me he equivocado.

Pero sería injusto pensar única y exclusivamente en nuestra persona, pues debemos aceptar que nuestra vida, no es únicamente de nosotros, lo es también de las personas que nos han acompañado con el paso del tiempo. Así como tenemos una gama de acciones que hemos hecho en las cuales reflexionar, también existe una gama importante de personas que han formado parte de nuestra vida. ¿Has pensado en todas las personas con las que has convivido? Sin duda habrá quienes recuerdes más que a otras, pero lo cierto es que todas ellas se han guardado en un rincón de la memoria. ¿Qué es lo que nos hace recordarlas? La gran mayoría serian, a riesgo de equivocarme, las personas más significativas y que han marcado nuestra vida con su sello imborrable. Y es grato volver la vista atrás y encontrarse con el recuerdo del primer amor, el mejor amigo, o incluso la persona a la que nunca quisiste, o no pudiste dirigirle la palabra cuando te morías de ganas. Todas esas personas forman parte de la vida, y siempre nos acompañaran para bien, o para mal.

¿Y qué pasa cuando existen recuerdos no tan gratos? Tenemos una mente donde todo se guarda y sin duda habrá momentos e incluso personas, que quizás no queramos recordar, y sin embargo ahí están, forman parte de nuestra vida. ¿Por qué? ¿Qué nos hace recordarlos? Todas las experiencias y las personas nos dejan algo en la vida, quizás en el momento de dolor no lo vemos, pero incluso cuando nos equivocamos aprendemos a no hacer las cosas de la misma manera.

Como dijo Thomas Alva Edison “no me equivoque 1000 veces al intentar hacer una bombilla, encontré 1000 maneras de no hacer una bombilla”.