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Es maravilloso el mundo de las ideas

lunes, 25 de abril de 2011

Solo un poco

Era un día fresco, calido, agradable en todos los sentidos; el sol brillaba en el cielo con una armonía impresionante. Yo tenía muchas cosas que hacer, pero decidí posponerlas para después, y así salir a dar un paseo.

Hacía mucho tiempo que no salía por el parque, no le encontraba sentido ir; pero la tranquilidad del día termino por imponerse y me convenció de salir.

Caminaba en silencio, tranquilo, con la frente en alto, como no teniendo nada que ocultar. Transitaba sereno, no sonreía como siempre, pues nunca encontraba motivo. Algunas personas me decían amargado, otras que era muy serio; pero en el fondo creía que yo era exactamente como quería ser. Y esa era la realidad, a mi me gustaba ser así, siempre con cara de pocos amigos.

Paseaba por la calle pensando en todas las actividades por realizar, en el día tan bello y en tantas otras cosas. El parque no quedaba tan lejos de mi casa, de hecho, hacia cinco minutos caminando. Al llegar ahí, pude ver a muchos niños jugando, algunas parejas comiéndose a besos, y una pareja de ancianos caminando tomados de la mano. Nada fuera de lo común, realmente, todo me parecía cotidiano, monótono, como si las acciones fueran siempre las mismas y siempre repetidas.

Ese día me sentí algo extraño, no se si seria por el día o por la tranquilidad en la que estaba; no se porque seria, pero me sentí feliz, algo muy extraño en mi, pues acostumbraba estar de mal humor y portándome de una manera indiferente. Ese era yo, siempre con postura firme e inmutable.

Me senté en una banca cercana a la fuente, situada justo en el centro del parque. Me dispuse a leer un libro, una novela, “Marianela” para ser preciso. Yo creía en el amor verdadero, en el que no importa otra cosa más que el amor; ni apariencias, ni posiciones sociales ni nada, solo el amor. Pero me parecía muy triste ver el amor vendido en el cuerpo de una mujer, o en el de un hombre. Me disgustaba ver el amor idolatrado solo en la potencializacion de la sexualidad, y no en la maravilla de lo que provoca y hace sentir. Es por eso que yo era de esa manera; vivía entristecido buscando una razón para este mundo, razón que no encontraba.

Fue entonces cuando una ráfaga de viento soplo por el parque. Volví la mirada hacia arriba y podía observar la luz del sol asomarse entre las ramas de los grandes y frondosos árboles del parque. Era como la oscuridad de la noche, iluminada solo por la luz de las estrellas en medio de una tranquilidad exquisita. Podía sentir como el viento acariciaba mi cara, y podía escuchar el cántico silencioso del viento en mi oído; como queriendo decirme algo, como queriendo decirme mira, como queriendo decirme, solo disfruta……….......

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