Hace algunas semanas estuve inmerso en una reunión con ex compañeros de universidad, ahora llamados colegas, y en medio de una platica de chistes y anécdotas lance una pegunta tajante y directa a mis dos amigos, ¿En que vamos a invertir?, francamente esperaba respuestas que, sin ahondar demasiado en detalles, o aun sin ser asequibles en el corto tiempo, si brindarían un panorama de acción para alcanzar objetivos concretos. Grande fue mi sorpresa al notar que no había comentarios al respecto y que por el contrario, se habían salido por la tangente. Supuse que al calor de la conversación y el sonido de la música mi pregunta no había sido recibida, escuchada o tal vez no la habían tomado en serio, así que formule nuevamente la pregunta obteniendo los mismos resultados. Al final desistí de de establecer ese tema de conversación, infiriendo dos cosas (sin que ambas fueran corroboradas):
1. Por un lado escucharon mi pregunta, sin que se atrevieran a contestarme. Sin embargo lo pensaron y se respondieron a si mismos, proponiéndose investigar sus propias lineas de inversión sin compartir sus inquietudes.
2. La pregunta les causó una impresión desconocida, llenándolos de inquietud, de miedo y aversión.
Francamente, dado mi conocimiento de ambos, me decanto por la opción numero 2.
Los tres somos egresados de la licenciatura en administración bajo el "nuevo" sistema de competencias y orientados a un esquema de emprendedores. En esencia, somos capaces de crear nuevos productos y servicios, estableciendo una organización capaz de desarrollar la óptima comercialización en mercados cambiantes y globalizados. Hago hincapié en "en esencia". Si esto es cierto ¿Por qué entonces el miedo a realizar aquello para lo que nos hemos preparado? Los puristas me dirán que depende de la aversión al riesgo de cada persona; yo creo que es el vivo ejemplo de una cuestión cultural arraigada en un modelo de educación financiera y empresarial obsoleto.
Recapitulemos un poco. A partir de la invasión definitiva de los españoles en 1521, los pobladores originarios dejaron de ser los dueños de sus tierras y de los factores productivos, para convertirse en obreros de la colonia española. Situación que a la postre, en lo único que ha cambiado es en el dueño de la mano de obra. En estos momentos, ya no somos colonizados bajo el yugo de las armas, sino mediante los grandes consorcios que llegan a determinar la política económica de muchos países, incluido México (no es mi intención discutir elementos del modelo neoliberal, mi argumento va por otro lado). Razón por la cual, seguimos dependiendo de las dádivas extranjeras sin que logremos sujetar las riendas de nuestro propio desarrollo; sin ser paternalistas, pues este es un mundo globalizado.
A través de los años, no se ha adoptado un esquema de desarrollo integral, que permita la generación de nuevo conocimiento, tecnología y de capital humano capaz de hacer frente a los retos del país. Por el contrario, el sistema sigue empeñado en actuar consecuentemente a los movimientos del mercado global, convirtiéndose en simple proveedor de mano de obra calificada incapaz de jugar con el sistema para dejar de ser obrero y convertirse en empresario.
Las instituciones de educación superior de cierta forma están haciendo su tarea, adecuando los programas de estudio hacia formas flexibles de pensamiento; brindando las herramientas necesarias para desarrollarse en el mercado laboral actual, pero también enfocándose a la generación de habilidades empresariales que permitan la instauración de negocios propios. Sin embargo, esta sigue siendo una postura reactiva y no propositiva. ¿Qué es lo que pasa? Se pueden tener todas las herramientas necesarias, el conocimiento, las habilidades etc. pero lo que impide crecer y tomar acción sigue ahí. El problema es cultural, estamos llenos de miedos, fobias, aversión al riesgo; estamos inmersos en paradigmas que nos obligaron a creer y que nos convencimos de que eran ciertos. Fuimos educados bajo el esquema de: nace, crece, estudia una carrera, consigue un trabajo estable con buenas prestaciones y vive de tu pensión. Este esquema pudo haber funcionado en los periodos de la postguerra plagado de mucha incertidumbre, pero no ahora en un mundo que cambia vertiginosamente.
No se puede seguir arraigado en modelos educativos que no expanden los horizontes de las posibilidades y que solo se limitan a afrontar posturas mediáticas que permitan mantener el nivel de control dejando de lado el desarrollo integral. Usando metáforas, al hambriento no se le da comida, se le enseña a pescar. Al pobre no se le da dinero, se le enseña a invertir los 3 o 4 pesos que pudieran sobrar.
Mis detractores podrán argumentar ¿Qué pasa con la pobreza extrema? pues bien, si es necesario complementar con acciones mediáticas, peo es eso, ¡mediáticas!, el problema se ataca de fondo al implementar políticas de integración, acercando a éstas personas los elementos necesarios de subsistencia.
La gente ha creído que si nació pobre debe morir pobre y eso es falso. El objetivo financiero de la vida no es trabajar arduamente de sol a sol todos los días hasta morir. Vamos paso a paso, como dice Robert Kiyosaki en su libro "el cuadrante del flujo del dinero" (en modo resumido, palabras mas palabras menos): consigue un empleo (ahorra), invierte en tu negocio, autoempleate en tu negocio, vive de tus rentas. Simple, sencillo y tajante, pero para hacerlo, es necesario vivir sin miedos, con un cambio cultural y de educación financiera. Es momento de hacerlo, antes de que se nos vaya el camión.
ANEXO
A modo de anexo, y sin pretención de dogma alguno me permito compartirles dos ejemplos de educación empírica, observados por mi:
1. Sujeto A es un niño que a menudo recibe dinero de sus padres y familiares, éste niño en lugar de comprar algún dulce, lo gasta en "maquinitas" de dinero (por cierto estos aparatos deben estar regulados por la comisión de juegos y sorteos; algo que no ha sucedido, es un tema aparte) y no es que este a favor de estos aparatos, tampoco en contra, solo es una herramienta que se puede usar. Pues bien, sujeto A, ya sea por suerte o habilidad, gana mas de lo que pierde, sin embargo, solo utiliza una base para apostar, y las ganancias las guarda. Si la base con la que comenzó el juego, la termina perdiendo, no apuesta las ganancias, al dia siguiente vuelve a recibir dinero de sus padres y vuelve a apostar, sin poner en riesgo las ganancias. A veces gana, a veces no, pero acrecenta su patrimonio. Al paso del tiempo, con las ganancias se compra unos tenis.
2. Sujeto B es otro niño que se maneja en una dinámica parecida, recibe dinero de sus padres y familiares. El dinero lo gasta en la "maquinita" de dinero, de igual forma por suerte o habilidad (aunque comienzo a creer que la maquinita no funciona muy bien) llega ganar mas dinero. Sin embargo, todo lo vuelve a gastar en la maquinita, hasta perder todo. Y pide mas dinero a sus padres quienes le vuelven a dar, siguiendo con la misma dinámica descrita, constituyendo así un circulo bastante vicioso.
En ambos casos podemos tomar cosas. ¿Quien esta bien y quien mal? es aquí donde entra la guía y formación financiera. Aparentemente el sujeto A actúa de mejor manera, pero esta incompleto. Tiene una base de inversión solida, pero las ganancias las gasta en pasivos (tenis) en lugar de acrecentar la base de inversión y maximizar ganancias, o invertirlos en otros activos que diversifiquen la inversión. Sé que algunos me dirán que solo son niños, que no entienden esta jerga; es cierto, pero no perdamos de vista el objetivo. No pretendemos que sean eruditos de las inversiones de niños, sino que aprendan a gastar sin tener miedo de hacerlo.
Por otro lado, podría suponerse que el sujeto B hace mal las cosas al gastarlo todo, nuevamente nuestro análisis esta incompleto. El sujeto B no tiene miedo de invertir, es capaz de quedarse si un solo peso para dulces con tal de maximizar sus ganancias, es una persona que crece sin aversión al riesgo, sin embargo, se debe instruir también haciendo hincapié en que el dinero no llega por si solo, con tan solo pedirlo, tambien se genera y se maneja; se aprender a gastarlo.
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