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jueves, 22 de diciembre de 2016

Bridget Jones: apología de la diversidad

Atiborrado por los "remakes" y por las terceras, cuartas quintas partes de todo lo que comenzamos a vivir hace 15 años, felizmente me dirigí a ver secuela de Bridget Jones. Nunca fui fan de las películas, pero en estos casos no importa: al parecer la tendencia del sigo XXI es cerrar ciclos de todo, incluso de historias como esta.

La historia es simple: una mujer carente de filtros al hablar y cuya irreverencia propicia situaciones por demás embarazosas.  Pues bien, fui a ver la película con la idea de encontrar algo parecido; no lo encontré.

Si tuviera que decir si me gusto o no la película diría que no y las razones son muchas, o tal vez, queridos tres lectores, solo sea una: juzge usted.

1. Esa, disculpen, pero esa no es Bridget Jones, Si comparamos los rasgos de personalidad exhibidos en las películas anteriores con lo que vimos en la mas reciente película podremos observar que no hablamos de la misma persona. En esta ocasión, Bridget no es obesa, no fuma, no habla tanto; incluso las gesticulaciones que hace no parecen las mismas y hasta parecen forzadas. Pareciera un nuevo personaje con esbozos de un pasado lejano. No, no es la misma.

2. Las películas anteriores fueron comedias; el éxito se basó en la generación de situaciones peculiares que ponían a la protagonista en aprietos. Sin embargo, pareciera que ese tipo embrollos son demasiado complejos para las generaciones actuales, en esta ocasión, solo es una situación, alargada... tal vez demasiado.

3. Mas que una película que pretende acercarse a distintos mercados, pareciera que la trama - más que una historia - es una campaña de publicidad en pro de la diversidad. Y no es que en contra, a lo que me refiero es: ¿Es este el canal adecuado para hacerlo?

4. Es horrible cuando el todo se convierte en nada. Esta pelicula pretende llegar a las distintas generaciones que convivimos en este espacio y tiempo (X, Y, Z, Millenials etc.) al intentar abarcar todo, se queda en nada. Hay rasgos de todo que la película carece de personalidad. Cuando pruebas un vino, eres capaz de identificar los aspectos relevantes de éste; cuando ves la película, no se es capaz de identificar nada, ni si quiera la relación con sus precuelas. Esta película es completamente estéril.

Las películas anteriores, por si mismas, dieron cierre; el final no podía ser de otro modo. Esta película aporta poco y en general, no pasaría nada si no se hubiera filmado. Eso en mi humilde opinión, queridos tres lectores.