La siempre presente y absurda dicotomía de lo políticamente
correcto y la honestidad que raya en la imprudencia. Sin que necesariamente
pueda existir una ganadora, ¿Es preferible una a la otra?
No es una cuestión moral ni ética,
mucho menos normativa; en lo que a mí respecta, es un tema de pragmatismo.
¿Es incorrecto decir aquello
que debe decirse solo porque el decirlo signifique atraer ciertas represalias,
incomodidades y cierto grado de encono?
¿Es preferible callar
aquello que debe decirse solo por mantener cierto grado de armonía? ¿No sería
acaso esta armonía una falacia?: ¿No es acaso la verdad liberadora?
Llamar a la prudencia es lo
que dirían ciertos dogmáticos. Sin duda
es verdad que cierto grado de auto-censura permite mantener una sociedad
cohesionada; las verdades, crudas y directas solo son asimiladas por mentes
preparadas. De no era si las personas no postergarían, pues sería entendido que
a pesar de todo y bajo cualquier circunstancia, siempre es mejor saber. Aunque
ese conocimiento no sea el que esperemos o deseamos.
No hay verdades absolutas;
no hay mentiras sin cierto dejo de verdad.
En mi caso, ¿Qué prefiero? ¿Vivir
una falacia o sentir el dolor de la verdad? Mientras escribo pienso; pensar es
el primer paso, así pues, esa es mi decisión.
Caminemos.